y por ella tener de ti esperamos

el ayuda que el Ítaco de Alcino:

a tu seguro puerto navegamos

traídos del intérprete divino,

que pues a ti nos guía, está muy claro

ser tu pecho sincero, humano y raro.

»Y no pienses, oh rey, que no saliese

el fuerte capitán esclarecido

a verte y a servirte, porque viese

o sospechase en ti pecho fingido;