de raso de adriática Venecia,
de la color que el vulgo tanto precia.
Las mangas de oro vienen botonadas,
do reluciendo el sol la vista ciega;
las calzas soldadescas recamadas
del metal que Fortuna a tantos niega;
con puntas de lo mismo delicadas,
los golpes del jubón ajusta y llega;
la guarnición dorada de la espada,
con garzotas la gorra ladeada.