en su asiento se pone cristalino

con un severo rostro soberano:

del cual respira un aire tan divino

que en divino volviera un cuerpo humano

con su corona y cetro rutilante

de piedra muy más clara que diamante.

En lucidos asientos claveteados

de perlas y oro más abajo estaban

los otros dioses todos asentados

cual orden y razón los concertaban: