que la ilustre Sevilla va regando,

con sangre que va el moro derramando.

»Y con esta victoria codicioso

no descansa el rey mozo hasta que vea

otro estrago como este temeroso

en el moro que en Beja lo rodea;

no tarda mucho el príncipe dichoso

sin ver el fin de aquello que desea.

Mil veces roto el moro, en la venganza

de tal rotura pone su esperanza.