que por ella se olviden los humanos
de asirios, persas, griegos y romanos.
»Ya le fué, bien lo visteis, concedido,
con pequeño poder, al Sarraceno
que en sus tierras estaba guarnecido
ganarle cuanto riega el Tajo ameno,
pues contra el Castellano tan temido
el cielo se les dió blando y sereno,
así que siempre tuvo en fama y gloria
pendientes los trofeos de victoria.