¿Quién de una peregrina hermosura,

de un rostro de Medusa propiamente,

se podrá libertar, si el ser cautivo

no en piedra, mas lo muda en fuego vivo?

»¿Quién vió un mirar seguro, un rostro blando,

una bella y angélica excelencia,

que en sí está siempre el alma transformando,

que pudiese hacerle resistencia?

Disculpado por cierto está Fernando

con el que de amor tiene la experiencia