del que inventó la guerra en este mundo;
otros la dura sed van reprobando
del pecho codicioso y furibundo,
que por lo que es ajeno, al miserando
pueblo condena a muerte y al profundo,
dejando tantas madres y aun esposas
sin hijos y maridos lastimosas.
»Estúvose en el campo el rey los días
acostumbrados con tan grande gloria:
con ofertas después y romerías