viera lo que mi pecho me pedía,
que siempre grandes cosas el conceto
presago al corazón le prometía,
no sé por qué razón, o qué respeto,
o qué virtud tan grande en mí se veía,
que hizo al grande rey darme la llave
de este acometimiento nuevo y grave.
»Y con ruego y palabras amorosas,
que es modo de mandar que más obliga,
me dijo: «Las empresas glorïosas