sale una estrecha falda, donde bate

la furia de la mar que la desdeña:

aquí de otras ciudades, sin debate,

Calicut sola hace la reseña

de cabeza de imperio, rica y bella:

Samorín se intitula el señor de ella.

Pues siendo nuestra flota aquí llegada,

por tierra un portugués al rey se parte,

del capitán llevándole embajada

y pidiendo licencia, de su parte,