Gonzalo de Ribeiro se llamaba,

a quien la misma muerte respetaba.

»Mira uno que la fama así lo extiende,

que de ningún pasado se contenta,

la patria que de un hilo flaco pende

como sobre sus hombros la sustenta.

¿No lo ves enojado, que reprende

la vil desconfianza, floja y lenta,

del pueblo a quien sujeta al dulce freno

de su rey natural, no del ajeno?