en las aves que allí desentrañara.
Ajúntase con esto que a un devoto
alfaquí de la ley de su Mahoma,
del odio concebido no remoto
contra la santa fe que su fe doma,
Baco le apareció con traje ignoto,
que el hábito de moro y forma toma,
al tiempo que ya el sueño le adormece,
y su envidia en el pecho más recrece.
«Guardaos, le dice, gente mía querida,