de las palabras, antes revolviendo

dentro en su fantasía algún astuto

engaño con ardid fiero, estupendo,

de cómo bañar pueda el hierro bruto

en la inocente sangre, o deje ardiendo

la flota con tal fuego que acabase

porque ningún soldado se escapase.

Que no se salve nao de éstas pretende

el consejo infiel de mahometanos,

porque no sepa nunca dó se extiende