por leña corazones se quemaban,
entrañas vivas, telas palpitantes:
las aguas do los hierros se templaban
lágrimas son de míseros amantes;
la viva llama, el resplandor esquivo,
es el deseo que mata y queda vivo.
Ensayándose algunos allí andaban
en pechos duros de la gente ruda;
suspiros por el aire resonaban
de los que ya hirió la punta aguda: