veas lo que no puede ver la ciencia
de los bajos y míseros mortales:
mis pasos seguirás con gran prudencia
por este monte, tú con tus iguales.»
Y con esto se entró un bosque cerrado
do nunca humano pie fuera estampado.
No andan mucho, cuando en la alta cumbre
se hallan, donde un campo se esmaltaba
de esmeraldas, rubís, que a la vislumbre
ser el cielo estrellado figuraba: