con que Sinón engaña a los troyanos,

que había cerca una isla cuyo asiento

fuera siempre habitado de cristianos:

el capitán, que con su sano intento

no ve ser dichos locos y livianos,

con dádivas muy grandes le rogaba

lo guíe (donde el moro lo guiaba).

Lo mismo el falso moro determina

que el seguro cristiano le demanda,

que en la isla que dice estar vecina