Dixo la Reina: Don Luis Milan, por vida de Matalinda y Matacruel, que canteis las coplas que por esto hecistes, y de palabra nos conteis la historia.

Señora, porque sepan mejor las coplas á vuestra alteza, ántes de cantar diré lo que me siguió: Yo hablaba algunas noches á una burladora que servia, y cada noche la desconocia, que todolo suele mudar el engañar. Yo le dixe: Tantas mutaciones de hablar haceis, que no sé con quién hablo: decíme ¿cómo habeis nombre? Respondióme: A mí me dicen una noche Matalinda y otra Matacruel. Díxele:

Si con tantos servidores
No poneis tela, señora,
No sois buena burladora.

Por eso Joan Fernandez jura muchas veces por vida de Matalinda, y don Francisco os dixo en una fiesta: Ios para Matacruel; que por bajo que lo dixo, mucho más bajo fué él que no se ha de descuidar el buen hablar. Bien será porque sepamos que baile de tres bailamos; que d’esto unas coplas haga, y serán reseña y paga para pagar tales fiestas, y son éstas:

Gran bien es pensar en vos,
Y gran mal tambien, señora,
Contemplaros matadora
Para dar muerte á los dos.

La vuestra quiero mostrar,
Que ya os huyen de cruel,
La mia no es de dudar,
Que Cain sois en matar,
Yo en morir un otro Abel.

¿Matalinda no bastára
Que os quedaba por renombre,
Que Matacruel por nombre
Os pregonan cara á cara?

Dejad nombre de traidor,
Que cruel sabe á traicion;
Todos os tienen temor,
Sino yo, que os tengo amor
Á razon ó sin razon.

Si lo haceis porque n’os sigan,
Siendo más para seguiros,
Es vos misma perseguiros
Que Matacruel os digan.

Como hierba os dejarán
No cogida de recelo;
Que en los berros la hallarán,
Y en veros luégo dirán
Huyamos del anapelo.