Dixo don Francisco Fenollet:
No puede ser mal de muelas,
Que sería gritador;
Más paresce mal de amor.
Dixo don Diego Ladron: Más parece el mal del tordo.
Dixo don Luis Milan: Más será el del gavilan, que, por gentileza, á la mañana suelta la presa.
Dixo la señora doña Mencía: Señores desamorados, como no teneis amor, habeis burlado del mal de mi señor don Luis Vique; Don Francisco Fenollet ha acertado, que deste mal fué oleado.
Dixo don Luis Milan: Y cuán oleado, y áun batizado del agua del palo, que mal frances fué su amor.
Dixo don Francisco Fenollet: Ximeno, por su mal conoce el ajeno.
Dixo Joan Fernandez: Don Francisco, vos no quereis acabar de conoscer ese milan; por él se dixo: El mal de milano, las alas quebradas y el pico sano.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, pues quereis que tenga pico, repico. Bien se os acuerda, cuando fuisteis dama de don Enéas Ladron, que os sacó á danzar en el Real, estando en sarao la Reina, mi señora, y su excelencia, y vos no le negastes vuestro cuerpo, que parescistes la reina Dido, que iba danzando con su Enéas troyano, como vos con el vuestro, que parescia Enéas gitano, que por parescernos vos tan feo para dama como él para galan, le apodamos á Camafeo, y á vos á dama fea. Pues fué el caso tan feo, que no hallamos con qué salvaros, sino con Lope de Rueda, que lo quisistes contra-hacer por dar placer á costa vuestra, como esta copla muestra: