Ya vuestra merced tenía
Arco y flechas, pues heria
Con los ojos que miraba.
Caballero:
Señora, ¿quién me dirá
Este tiempo que n’os vi,
Si os acordastes de mí,
Que yo siempre estuve allá.?
Dama:
Nadi os lo dirá, señor,
Como yo con más razon,
Pues perdí todo temor,
Confiando en la valor
De vuestro gran corazon.
Caballero:
¡Oh quién supiese, señora,
Si sentistes unos tiros,
No de bronzo, mas suspiros
Que os tiraba cada hora!
Dama:
Sí sentí, pues allegaron
Las pelotas hasta mí,
Y á los turcos espantaron,
Que’en mi boca retumbaron,
Que por eco os respondí.