—Sí señor; porque no se mueve del lado del herido, y llora y se desespera tanto como yo.
—Bien, iré; y con la ayuda de Dios daré otra direccion á las inclinaciones de aquellas almas excelentes aunque algo viciadas.
—¡Ojalá no sea demasiado tarde, esclamó el padre infeliz y cayó desmayado en una silla!
ESCENA XV.
Á MI AMIGO
D. Miguel Delgado.[5]
[5] Publicada en el Cancionero de Borinquen.