Son tantos los acuerdos de la Sociedad que tratan de mejoras útiles, que fuera muy largo el hacer mencion de todos ellos; baste decir que no hay ramo de que no se haya ocupado, y que las reformas planteadas parecen fabulosas, si se comparan con los medios de que puede disponer. Dejarémos, aunque con disgusto, infinidad de medidas á cual mas importante, para ocuparnos de la obra magna, de la empresa que hará inmortales á los que, fiados en sus nobles sentimientos y en la paternal y generosa protección de la autoridad superior de la Isla, han tenido tal pensamiento: esta obra es el Colegio Central.
Poco mas de un año hacia que en la anterior junta pública se habia hecho una ligera indicacion sobre el particular, cuando el Sr. Director, en su discurso pronunciado en la que se celebró el 21 de diciembre de 1845, manifestaba ya haber reunido una cantidad respetable, producto de una suscripcion abierta en los pueblos de la Isla y encabezada por la misma autoridad superior: la comision nombrada por el Gobierno para dirigir este asunto ha salido del seno de la Sociedad, y hasta el plano del edificio es obra de uno de sus individuos.
Pero no es esto todo lo que ha hecho tan ilustre corporacion; conociendo la necesidad de tener buenos profesores, ha mandado á Europa á su costa dos jóvenes del país sobresalientes y de conducta irreprehensible, para que, en union de otros dos, no menos recomendables y cuyos gastos corren á cargo de un Sr. socio de mérito, estudien las ciencias naturales y métodos de enseñanza para escuelas normal é industrial y salas de párvulos[8].
[8] El socio que á su costa instruye á estos dos jóvenes, es el canónigo Dr. don Rufo Manuel Fernandez, bajo cuya direccion han venido á Europa estos y los enviados por la Sociedad.
Es necesario conocer el estado de la Isla para poder apreciar la importancia del establecimiento que nos ocupa: hay en ella elementos de riqueza y medios de hacer su felicidad que estan por esplotar; y al ocuparse principalmente la Sociedad de la enseñanza de las ciencias naturales, que debe plantearse en el Colegio Central, da una prueba de la inteligencia y buenos deseos que la animan.
La química, la mineralogía, la agricultura y la botánica son indispensables en un país que encierra en su seno infinidad de minerales, y cuya fertilidad es tan prodigiosa, que sus cosechas y la cria del ganado constituyen toda su riqueza, á pesar del atraso en que es preciso confesar que nos hallamos. ¿Quién es capaz de calcular la diferencia que habrá en el cultivo de las tierras, cuando el estudio de las ciencias naturales pueda aplicarse á la labranza
y á la elaboración de sus productos? ¡Cuántos ramos de industria, desconocidos ahora, vendrán á enriquecer á los que se dediquen al estudio de dichas ciencias!
Cuando el comercio se enseñe por principios, ¡cuántas empresas se disputarán el privilegio de abrir canales y caminos; cuántos propietarios emplearán en aquel grandes caudales, que ahora invierten en otros países! ¡Cuántas obras útiles, y aun necesarias, se emprenderán, que estan olvidadas por la falta de medios de comunicacion! Son incalculables los beneficios que reportará el país si llega á establecerse el Colegio central: la unidad en el método de enseñanza impedirá que ignorantes disfrazados con trage de maestros engañen á los padres de familia entorpeciendo á los jóvenes, y las salas de párvulos y la escuela industrial darán á las clases pobres toda la instruccion que puedan apetecer.
Este cambio prodigioso se efectuará dentro de poco, si el gobierno, como es de esperar, sigue protegiendo y alentando á los Amigos del País en su noble empresa; y si los pueblos de la Isla corresponden, como hasta aquí, con tanto desinterés á las esperanzas de esos hombres dignos de la obra que han emprendido y de la gratitud de todos los puerto-riqueños.
Mucho podríamos estendernos sobre los estudios preliminares para las facultades mayores, mucho sobre las carreras científicas, y mucho mas aun sobre el plan que debe seguirse; pero nos creemos dispensados de hacerlo, porque la Junta encargada de llevar á cabo el pensamiento del Colegio central se compone de personas cuya ilustracion es bien conocida, y cuyo voto es para nosotros muy respetable y de mas valor que el nuestro mismo; además, ¿qué pudiéramos decir cuando han escrito sobre el particular el Dr. D. Rufo Manuel Fernandez y el Sr. Conde de Carpegna? Solo suscribirémos con el mayor placer á cuanto determinen, para dar un público, aunque muy pequeño, testimonio de gratitud á la Junta, á la Sociedad Económica y á la autoridad que, conociendo los intereses del país, protege esa tendencia á la civilizacion que en él se desarrolla con una rapidez que nos entusiasma.