Es muy fácil decirlo. Lo que es difícil y lo que no ha hecho el señor Senador es probarlo.

¿Dónde está su demostracion? Yo podría decirle lo que un geómetra célebre que asistia á la representacion de Phedra, esa obra del ingenio de Racine.

Mientras todos los concurrentes se lamentaban y lloraban en los pasages patéticos, él preguntaba:—Pero esto ¿qué demuestra? Esto no demuestra ninguna ecuacion; esto no demuestra ni siquiera que el cuadrado de la hipotenusa es igual á la suma del cuadrado de los catetos!

Y bien, yo podría decir despues del discurso del señor Senador:

—Muy poético! pero ¿qué es lo que ha demostrado?

Para demostrar la consistencia del argumento á que me referia hace un momento, me basta decir que el señor Senador era miembro de esta Cámara cuando se discutió la Ley Orgánica de los Ferro-carriles.

¿Por qué no sostuvo entónces estas ideas? ¿Por qué no las hizo triunfar en esta Cámara?

Yo lo creo muy capaz al señor Senador Benitez de hacer algo muy bueno, porque lo creo capaz de muchas cosas buenas. Pero lo que debo decir, lo que no debo ocultar es que es mucho mas difícil crear que criticar, y que para bien de la Provincia yo le cederia mi puesto pudiendo así hacer prácticas sus ideas y yo tomaria el puesto de censor, posicion mucho mas cómoda y en la que se conquista, parece, aplausos y simpatías de un eco unánime.

He leido, señor Presidente, y he releido todo el discurso del señor Senador, pronunciado en la última sesion, y debo declarar con toda franqueza, que apesar de toda la buena voluntad que he puesto para comprenderlo, he encontrado un vacío absoluto, algo de metafísico, mucho caudal de lectura que no hacia al caso; mucha retórica, sí mucha retórica: el ombú solitario, el triste gaucho con la guitarra al hombro, atravesando el desierto, y hasta el centauro aparece allí.

Apesar de esto no debo dejar pasar desapercibidas las frases que he deseado y deseo explicarme todavia porque no las comprendo.