Preciso fué castigar con severa mano á los que siguieron al Infante, y entre otros caballeros rebeldes y traidores fueron ejecutados en la capital de Andalucía D. Juan Ponce de León, D. Gil Bocanegra y el tesorero Martín Yáñez.
Al poco tiempo fué presa también D.ª Urraca Osorio, sobre la cual recaían gravísimos cargos, que inútilmente podía rehuir de sí por las muchas y terminantes pruebas que contra ella y su hijo existían.
Condenaron á muerte á D.ª Urraca, y á muerte horrible, pues, según la sentencia, debía ser quemada viva ante el pueblo, y en una plazuela próxima al sitio conocido por La Laguna, donde más tarde se construyó la Alameda de Hércules.
El rey D. Pedro, cuya indignación contra Pérez de Guzmán por su comportamiento era grandísima, no quiso perdonar á la madre, y á principios del mes de Setiembre de 1367 levantóse una mañana la hoguera para la infeliz D.ª Urraca.
El populacho y la gente de la heria asistieron en gran número á presenciar aquella ejecución, en la que concurrían circunstancias muy especiales, no sólo por ser la reo muy noble y principal señora, sino por lo mucho que era conocida en toda la ciudad.
Acompañada de alguaciles y soldados, llegó la dama al pié del patíbulo, y después de ser atada con fuertes ligaduras á un madero, comenzaron á arder los secos troncos, que pronto levantaron grandes llamas y espeso humo.
Retorcíase la víctima entre horribles dolores, lanzando desgarradores gritos cuando el fuego quemaba sus carnes, y en una de esas violentas sacudidas de cuerpo rasgóse el vestido de la dama, dejando al descubierto la mayor parte de sus formas.
Entonces la plebe que presenciaba aquella dramática escena prorumpió en atronadora gritería, insultando á la víctima y llenándola de sangrientos epigramas y crueles sarcasmos.
Pero cuando más imponente se presentaba la chusma y más lastimoso era el estado de D.ª Urraca, una mujer abrióse paso entre la concurrencia, y llegando precipitadamente á la hoguera, abrazóse á la madre de Pérez de Guzmán, cubriéndola con sus ropas, y dejando que las llamas la devorasen como á la reo.
Leonor Dávalos llamábase esta mujer heróica, y pertenecía á la servidumbre de D.ª Urraca, á quien profesaba todo el cariño que revela aquel acto de generosidad imponderable.