porque, de árbol en árbol cuando salta,

quema, creyente, en el altar de Febo

no incienso, alas...

Yo aplaudo al ruiseñor cuando á la Tarde

—su novia—ofrece quejumbrosa cántiga,

y le aplaudo también cuando á la Noche

entona una plegaria...

II

Mas si alevoso huésped, por codicia,

del recinto selvático le arranca