palpita el corazón vigorizado.
Cuando á merced de lánguida tristeza,
en labor incansable, el pensamiento,
revive de aquel nido la belleza,
del labio paternal el puro acento
paréceme que vibra en mis oídos
como los ayes hondos de un lamento.
—"¡Patria!—escucho decir á esos gemidos—
"Siento helarse la sangre de mis venas,
"de tu sol sin los rayos bendecidos."