¿Á qué rendir, medroso, el pecho fuerte

del anciano colono sin ventura,

la visión espantable de la muerte

que ofrece tierra extraña á su envoltura,

si ha de amparar la Patria los despojos

cubriendo el pabellón la sepultura?

¡Cuanto de luz más ávidos antojos

agitan el cerebro en lucha interna,

más crecen del problema los enojos!

¿Pudo acaso mentir la voz paterna...?