donde en goces de amor las horas ruedan;
donde la paz fructífera se anida
bajo el regio dosel de los palmares,
en que repite el aura embebecida,
como intensa oración de los hogares,
del trabajo el exámetro estridente,
perfumado por lirios y azahares,
cortado por el ritmo persistente
de un mar que copia en su cristal sereno
el zafiro de un cielo trasparente.