Al terminar su instrucción primaria, y cuando todavía no era más que un adolescente, comprendió la grandeza moral de la Escuela y lo humanitario y generoso de las funciones del maestro, y sin más auxilio y dirección que su propio entusiasmo y sus estudios incesantes, se hizo maestro de escuela, obteniendo luego una licencia oficial para el ejercicio de la enseñanza. Más tarde se graduó de Notario, y con el ejercicio de esta profesión pudo ya comprar algunos libros, ilustrar cada día más su inteligencia, y estudiar los problemas políticos y sociales del país.
En 1866, y á propósito de una información promovida por el gobernador de la isla, acerca de la reglamentación del trabajo, llamó el Sr. Morales la atención pública con una serie de artículos suyos que publicó en El Fomento de Puerto Rico, periódico del cual era asiduo colaborador. Defendía en aquellos artículos, con gran amplitud de criterio, la libertad del trabajo, y combatía la libreta—especie de registro policíaco de información personal—que ponía á los jornaleros en condiciones humillantes con respecto á sus patronos.
La libreta quedó abolida.
Desde entonces figuró Morales entre los periodistas más distinguidos del país, descollando entre ellos como polemista y razonador. Fué el más fecundo de todos los de su tiempo, y acaso el que trató á la vez sobre más variados asuntos. Política, moral, religión, economía social, costumbres, crítica literaria, educación, etc., todo lo tocaba su pluma de periodista, y sobre todo escribía con discreción, aunque su especialidad sobresaliente era la controversia política.
Fué redactor de los periódicos El Fomento, El Progreso, La España Radical y El Agente; colaboró en Don Simplicio y en El Buscapié; fundó un periódico titulado El Economista, y en los últimos días de su vida organizaba la publicación de El Eco del Toa, que no llegó á nacer.
Había adquirido Morales una instrucción variada y sólida, un hábito de pensar y de escribir con rapidez extraordinaria, y una dialéctica formidable para la discusión.
Era hombre de costumbres sencillas, de trato afectuoso y llano, muy religioso y muy hombre de bien. Vivió siempre en el pequeño pueblo de Toa Alta, en donde ejerció hasta la muerte sus funciones de Notario.
Sus hijos, y en especial el que lleva su mismo nombre, y que es uno de los maestros que honran á la Escuela portorriqueña, reunieron los artículos periodísticos más conocidos, del Sr. Morales, y los publicaron en dos tomos, con el título de Misceláneas, salvando así del olvido unos trabajos de verdadera utilidad para la historia de la cultura portorriqueña.
El que insertamos á continuación fué tomado de El Fomento de Puerto Rico, y es uno de los primeros que escribió su autor.