Venid de Borinquén ilustres bardos,

Un suspiro á exhalar de vuestras arpas.

Verted aquí las lágrimas que surgen

Por los que en aras de la patria mueren,

Y el doliente clamor que el arpa vibre

Hasta el egregio compatriota llegue.

Que nunca, nunca enmudecido el plectro

Rompiera el nudo que letal le embarga

En más noble ocasión, con amor tanto,

Que al ensalzar las glorias de la patria.