¡Oh, quién habrá que ciego
Á los encantos viva de Natura!
Al contemplar el plácido sosiego,
La majestad sublime y la hermosura
De los alegres campos, donde ostenta
El Hacedor su inmenso poderío!
Venid, los que en la orilla
Del Támesis sombrio,
El canto no escucháis del avecilla