—Lo debo al padre Ambrosio; lo debo a los libros que leo.

—Y...¿qué libros te ha dado a leer ese religioso?

—Cuando supe leer y escribir, me puso en las manos la imitación de Cristo del padre Kempis.

Yo no había leído el tal libro; pero supuse que sería un libro de devoción como otros tantos.

—¿Y qué más? añadí.

—La Biblia.

—¡Habrás leído, pues, el Cantar de los cantares!

Amparo me miró profundamente y se ruborizó, lo que demostraba que había leído aquel libro, que tenía talento y que había comprendido la intención de mi pregunta.

—El Cantar de los cantares es un admirable libro simbólico, me dijo.

—¿Y no has leído más?