—¿Y qué ha pensado usted?
—He pensado, primero, en que la posición en que te encuentras es muy precaria.
—He nacido pobre, me contestó con altivez; mi porvenir es el trabajo; acaso con mucha aplicación y alguna suerte podré adelantar; tener dentro de algunos años un taller mío.
—¿Y las enfermedades?
—¡Buena manera de alentar a los pobres!
—Es que yo quiero asegurar tu suerte.
Amparo había dejado de comer, y noté que había perdido enteramente su tranquila confianza; que estaba preocupada, disgustada, pesarosa de haber ido a almorzar conmigo.
—Soy rico, muy rico; sobrino de un grande de España que no tiene hijos, ni los tendrá probablemente; heredaré sus rentas y su grandeza.
Nublose más el semblante de Amparo.
—No pienso casarme jamás, continué, y quiero que seas mi hija adoptiva.