Celos porque no era yo el hombre a quien ella amaba.
Remordimientos porque, elevando su educación, había elevado su espíritu, la había aumentado sus aspiraciones, y la había hecho por consecuencia infeliz.
Porque a pesar de su magnífica hermosura, ni tenía nombre ni dote.
Amparo era una expósita; Amparo sólo tenía necesidades.
¡Y es tan positivista el siglo xix!
En otros tiempos la hermosura y la virtud podrán haber sido un magnífico dote: hoy el dote está sobre la virtud y sobre la hermosura: los viejos son los únicos que se casan con las mujeres jóvenes, honradas y bonitas.
El siglo xix, bajo cualquiera faz que se le mire, es el siglo de la sangre y del lodo.
El siglo de la compraventa.
El siglo del incesto y del adulterio.
El siglo corruptor y corrompido.