El duque tomó una hermosa casa en la calle de San Dionisio.

Es decir, la compró.

La hizo amueblar magníficamente en dos horas.

Llamó modistas y vistió á Esperanza de un manera regia.

Después la mostró un cofre lleno de alhajas y de doblones de oro.

—Esto—la dijo—es para ti; llama á tus padres y vive con ellos; no digas á nadie que el duque de Osuna te ha traído, ni que has sido doncella de servir; no te conviene. Yo además te enviaré ó haré que te envíen todos los meses, mientras vivas, trescientos ducados.

—¿Cómo, señor, os vais?

—Necesito estar en Madrid á fin de mes.

—¿Y no volveréis?

—No lo sé.