—Pero á la tercera va la vencida—dijo el joven.

—A la tercera...

Al pronunciar Francisco Montiño estas palabras, tenía el pensamiento en la carta de su hermano.

—¿Quién sabe? ¿quién sabe?—añadió Montiño—; ya es viejo, como que nació diez años antes que yo, y he cumplido ya los cincuenta y cinco. Pero ¿qué le hemos de hacer? ¿Y vos?... ¿qué sois vos?... soldado, ¿eh?

—No, señor; soy licenciado...

—¡Licenciado!... ¡no entiendo!... ¿de qué licencias habláis?...

—He estudiado teología y derecho en la Universidad de Alcalá.

—¡Ah!

—Muchas veces heme dicho: tengo un tío en palacio... bien pudiera mi tío procurarme un oficio de alcalde ó corregidor.

Fruncióse un tanto el gesto del cocinero del rey.