—¿Conque vuesa merced es sobrino del señor Francisco Montiño?-dijo el oficial completamente transformado—. ¡Qué diablo! Su merced no está.

Habían rodeado á la sazón al joven una turba de galopines que le miraban con las manos á las espaldas, ojos que se reían y bocas que rebosaban malicia.

Como que se trataba de un profano.

—¿Y dónde encontraré á mi tío?.. Me urge... me urge de todo punto—dijo el joven con acento impaciente.

—Yo diré á vuesa merced dónde está su tío—dijo un galopín—: el señor Francisco Montiño está prestado.

—¡Cómo prestado!—dijo el oficial.

—Prestado al señor duque de Lerma—dijo otro pinche.

—Como que está malo de un atracón de setas el cocinero del duque.

—Y el duque tiene convidados.

—Por último, ¿mi tío no volverá probablemente?—dijo el joven.