—¿Es decir que os habéis metido á letrado?

—No os entiendo.

—Explicaréme: la historia de vuestro casamiento, mis buenos amigos, es un proceso. Largo habréis de escribir si de todo habéis de dar cuenta, y es grande lástima que la tinta ponga negros unos dedos tan rosados. Dejadlo eso para mí, señora, que todo lo tengo negro, hasta la esperanza, y veníos aquí al amor de la lumbre y escuchadme, que tenemos harto que hablar.

Dejó doña Clara la pluma y luego la mesa, y fué á sentarse junto al brasero entre su marido y Quevedo.

—¡Vive Dios!—exclamó Quevedo—, que estoy viendo en vos una experiencia, doña Clara.

—¡Una experiencia!

—¡Sí pardiez! los ojos y la razón engañan.

—Explicáos.

—¡Si sois más doncella hoy que ayer!—dijo Quevedo mirando de una manera profunda á doña Clara.

Púsose la joven vivísimamente encendida.