Lerma desconocía al rey.
El rey mandaba.
Lerma no estaba acostumbrado á aquello.
—Señor—dijo—, yo no puedo seguir siendo secretario de vuestra majestad.
—Os lo mando yo—dijo el rey.
—Obedezco, señor.
—A fray Luis de Aliaga, le nombramos confesor de la reina—dijo el rey.
Estremecióse Lerma.
—Traednos el nombramiento. Al conde de Olivares le reponemos en su oficio de caballerizo mayor.
—¡Ah, señor! ¡Dios quiera que no os pese!