—Con razón.

—Tenéis razón, que razón es que los tales prendan, que si no prendieran, no serían corchetes.

—Quiero decir, que vos tenéis la culpa de haber sido preso.

—También decís verdad, que por dejar yo la espada presa, he dado en prisiones.

—No es eso, don Francisco; habéis cometido un delito.

—Estáis echando un río de verdades. Gran delito es, en efecto, el venir en estos tiempos á la corte.

—Habéis malherido á don Rodrigo Calderón.

—No fuí yo... pero quiero tomar mi parte en esa buena acción, porque al fin ayudé á ella. ¿Y por haber sangrado á un pícaro me prenden? ¿Y á esto llaman delito?

—Las cosas han variado.

—¿Priva de nuevo Calderón?