—¿Pues cuántos maridos tiene doña Clara?

—Uno: el sobrino del cocinero del rey, que es lo mismo que don Juan Téllez Girón.

—¡Ah! ¡es cierto! me había olvidado. Pero estamos perdiendo el tiempo. Debemos concluir por el momento. Tenemos prendas recíprocas... es decir, estamos unidos por la necesidad. Sepamos cómo quedamos.

—¿Pues cómo hemos de quedar? Unidos como hemos debido estarlo siempre.

—Lo estaremos desde hoy en adelante. Para concluir, os voy á decir lo último en que debemos quedar convenidos, y eso porque es urgentísimo.

—Sepamos.

—Destierro del padre Aliaga.

—¡Hum! ¡eso es algo difícil!

—¡Destierro del padre Aliaga!—dijo Uceda, como quien repite una orden que no admite réplica.

—Haré cuanto me sea posible.