—El conde de Lemos.

—Está desterrado.

—Don Baltasar de Zúñiga.

—Ese es un caballero que suele estar bien con todo el mundo.

—Pues no acierto.

—Es verdad: lo que generalmente no vemos, cuando se trata de estos negocios, es lo que más tenemos delante de los ojos. ¿Os habéis olvidado del secretario del duque de Lerma?

—¡Don Rodrigo Calderón!

—Ese, ese es el enemigo del tío Manolillo.

—Pero no entiendo por qué pueda ser enemigo de don Rodrigo el bufón de su majestad.

—¡Bah! ya veo, señor Francisco, que vos sabéis muy poco.