—¿Y qué tenemos que ver con la muerte de Gonzalo?
—¡Cómo! ¡infames! ¿qué tenéis que ver? ¿Sabéis por qué ha muerto el paje?
—Por lo que se muere todo el que entierran—dijo Cosme Aldaba—, porque se le ha acabado la mecha.
—¡Vil ratón de cocina! ¡asesino! ¡infame!—exclamó el cocinero mayor—; ha muerto por haber comido una perdiz que se sirvió en la mesa de su majestad.
Todos se pusieron pálidos; pero Cristóbal Cuero conservó toda su serenidad.
—¿Y ha comido la reina?—dijo.
—La providencia de Dios ha salvado por fortuna á su majestad.
—Pues yo digo—contestó con una serenidad irritante Cristóbal Cuero—, que es lástima que su majestad no haya comido.
—¡Cómo! ¡monstruo! ¡cuando debías dar gracias á Dios de que tu crimen no haya producido todo el terrible resultado que esperabas, infame, deploras que ese gran crimen se haya frustrado!
—Señor Francisco—dijo con una gran serenidad el paje—, os han informado mal.