—Alguna cortesana que tiene tan poca vergüenza como don Rodrigo Calderón.
—Pues os engañáis, es la primera dama de España.
—¿Por hermosa?
—No tanto por hermosa, aunque lo es, como por noble.
—¡La dama más noble de España! ved lo que decís: cualquiera pudiera creer...
—¿Que esa tan noble dama es la reina? ¿No es verdad?—dijo con una malicia horrible Cornejo.
—¡La reina! ¡Su majestad!—exclamó dando un salto de sobre su silla Montiño.
—La misma, Su majestad la reina de España es la querida de don Rodrigo Calderón.
—¡Imposible! ¡imposible de todo punto! ¡yo conozco á su majestad! ¡no puede ser! ¡creería primero que mi hija!...
—Vuestra hija podrá ser lo que quiera, sin que por eso deje de ser lo que quiera también la reina.