Y arreglándose el manto, se dirigió á la puerta y llamó.
—¿A dónde vais, Dorotea?—dijo don Juan.
—Es necesario que venga cuanto antes vuestra esposa.
Sonaron entonces las llaves del carcelero.
—Esperad un momento—dijo don Juan asiendo por el manto á Dorotea, que estaba vuelta hacia la puerta.
—¿Qué más queréis de mí?—contestó la joven.
—Quiero... quiero volveros á ver.
—¡Que queréis volverme á ver!... ¡sí, yo también quiero! pues bien: estad esta noche, á las ocho, al pie de la Cruz de Puerta de Moros.
—Estaré.
En aquel momento se abrió la puerta.