—¿Qué decís?—dijo marcando fuertemente su pregunta doña Clara.
—Digo que sois viuda.
—¡Viuda!—gritó doña Clara, salvando de un salto la distancia que le separaba del bufón y asiéndole con violencia: ¡viuda habéis dicho!
—Sí, viuda—contestó el bufón desasiéndose de doña Clara con un ligero sacudimiento—; pero no quiero atormentaros antes de tiempo; podéis daros por viuda porque os lo roban.
—¡Que me le roban!
—¡Sí, no volverá!
—Explicáos, ó por mi alma, llamo...
—Y si me prenden, ¿quién llevará á la hermosa doña Clara á que vea por última vez á su hermoso don Juan?
—¡Está con ella!
—Sí, con Dorotea.