—Gracias, Manuel—dijo dirigiendo la palabra de una manera fría al bufón—; habéis hecho más de lo que yo quería; esto es magnífico.
—Ha costado mucho y se ha trabajado bien—dijo el tío Manolillo con la voz conmovida y sin apartar su mirada ansiosa de Dorotea.
—¿Qué hora es?—dijo la joven.
—Ya es hora de ir en su busca.
—Pues id; tengo grandes deseos de acabar.
—¡De acabar! ¡de acabar! ¿y qué ha de acabar?
—Esta agonía que me devora, esta muerte en vida.
—Dorotea, yo necesito saber lo que piensas hacer.
—¿Qué?—dijo Dorotea sonriendo tristemente—¡vengarme!
—¡No, tú no le matarás!—dijo el bufón—; ¡le amas demasiado! ¡no te atreverás!