Cuando llegó vió paseándose delante de la cruz á un hombre.

Se acercó á él y le dijo:

—¿Esperáis á una persona?

—Sí.

—¿Os llamáis don Juan?

—Sí.

—Seguidme, os esperan.

—Guiad.

El bufón tiró adelante; no quería hablar ni una sola palabra más con aquel hombre que hacía tan infeliz á Dorotea, con aquel hombre á quien aborrecía, porque no amaba á la comedianta.

Y así, el tío Manolillo delante y don Juan detrás, llegaron en muy poco espacio á la calle de Don Pedro.