—¿Sabéis para qué llamaba la reina á Calderón en aquellas cartas?
Quevedo hablaba á bulto, porque como saben nuestros lectores, no las conocía.
—¿Para qué llama una mujer á un hombre?
—Margarita de Austria, más que mujer es reina.
—Las reinas tienen corazón y caprichos.
—La reina llamaba á don Rodrigo para conspirar.
—¡Para conspirar!
—Sí, contra el duque de Lerma.
—¡Ah!—exclamó Dorotea como quien recibe una revelación—. Acaso... aquellas cartas no contenían ni una sola palabra de amor... ¿es verdad?
—Eran, sin embargo, ambiguas—dijo Quevedo, que seguía hablando á bulto.