—¡Vaya!... ¡si dicen que revende empleos!
—Luisa dice que en un cuarto obscuro tiene un arcón que debe estar lleno de talegos.
—Es muy avaro.
—Y muy ciego: dicen que su primera mujer era peor que ésta.
—Ya se ve; y que le gustaban los pajes.
—Y que Inés no es su hija.
—No, pues la Inés, que es un pimpollo, ha sacado las mismas aficiones que la madre; ya ha tenido tres novios pajes de su majestad.
—¿Y cuál es el paje de ahora?
—Un muchachote rubio, paje de la reina; un chico rubicundo, que la echa de valiente, y á quien tengo ojeriza.
—¿Y cómo se llama ese paje?