—Cuando se trata de esa mujer—dijo sonriendo tristemente el padre Aliaga—, todo os espanta.

—Como os espanta á vos todo, cuando se trata de la otra.

El padre Aliaga pareció no haber oído la contestación del tío Manolillo.

—Sólo quiero ver á esa joven—dijo—para salir de una duda; y puesto que vos podéis mostrármela en palacio, á palacio voy.

Y el padre Aliaga se levantó.

En aquel momento sonaron pasos en el corredor.

Al oírlos el bufón se levantó, y escuchó con atención.

Luego se escondió precipitadamente y sin ruido en la alcoba del padre Aliaga.

CAPÍTULO XXVI

DE LO QUE OYÓ EL TÍO MANOLILLO, SIN QUE PUDIERA EVITARLO EL CONFESOR DEL REY