—Cuando se trata de esa mujer—dijo sonriendo tristemente el padre Aliaga—, todo os espanta.
—Como os espanta á vos todo, cuando se trata de la otra.
El padre Aliaga pareció no haber oído la contestación del tío Manolillo.
—Sólo quiero ver á esa joven—dijo—para salir de una duda; y puesto que vos podéis mostrármela en palacio, á palacio voy.
Y el padre Aliaga se levantó.
En aquel momento sonaron pasos en el corredor.
Al oírlos el bufón se levantó, y escuchó con atención.
Luego se escondió precipitadamente y sin ruido en la alcoba del padre Aliaga.