—¿Y por qué?
—Acaso no podáis verle hasta después de la media noche.
—En ese caso se dará orden para que le abran el postigo de los Infantes á cualquier hora que llegue.
—La señal.
—El capitán Juan Montiño.
—¡El capitán!
—Tengo para él una provisión de capitán de la guardia española.
—¡Ah! ¡pues me pesa! ¡se necesita para que os caséis con él, de la licencia del rey!
—No paséis pena por eso.
—El rey os ama.